Escritura de Trinchera

No escribo sobre escritorios
de nogal o teca,
ni me paro en salones
para exponerme.

No soy un escritor que bebe
ni comparte un buen pucho,
menos tengo en casa
un gran espejo
para ver mi magnificencia.

Si de una guerra se tratara,
sería soldado raso

en la trinchera de la vida:

a veces en un taxi,
otras en un parque,
incluso en hospitales.

Pocos saben que escribo,
y quienes se enteran
creían
que no era suficientemente listo.

Como escritor podría morirme de hambre
porque no soy letrado;

no tengo estudios literarios
ni cursos de apoyo
que respalden mis escritos.

Aprendí a ser médico de mi mente
y con mis pocas palabras
conjugué un consejo,

así nació
lo más parecido
a un Frankenstein literario.

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