Un día

Un día caminando me tropecé,
caí y corté.

Sangraba tanto,
dolía,
y la veía brotar abruptamente.

El parche curita lo cubría,
pero rato después se veía húmedo,
y no había suficiente
tiempo para cuidarla.

Las gasas ayudaron por un tiempo.
Pero ahí estaba ese olor metalizado.
Podía sentirlo en mi garganta.
Hasta que me harté.

Tomé un cinturón y lo sujeté.

El torniquete estaba tan apretado,
que se podía ver casi púrpura.

Cojeando,
lo cubrí con mi mejor tenida.
Olía mal,
sabía que supuraba,
pero, ¿qué más da si podía cojear?

El día llegó.
Perdí mi pierna.

Oh, qué dolor.
Dolor fantasma.
Dolor ausente.

Me olvidé de mí,
con tal de creer que me veían bien.

Ahora soy cojo,
y todos me dicen:

—¿Por qué no actuaste antes?

Loading