
Cuando Dios tiene hambre
Hay cosas que te distraen:
el calor,
el ruido,
el hambre.
¿Qué es comodidad
cuando tu almohada
es tu mochila,
y un viejo colchón en el suelo
es tu descanso?
Cuando el frío entumecía mi nariz
y el agua era tan fría como los Andes,
¿dónde está Dios
cuando el cuerpo clama
y el alma pide pan?
Y moja aceite con orégano para sazonar,
y Dios hacía aparición
en personas con tanta hambre como yo.
Yo estaba saciado
con ello y con agua,
podía guardarlo
sabiendo que tendría
necesidad mañana.
Pero Dios tenía hambre ahora,
y quién soy yo para negarle
el único bocado del día.
Yo era afortunado:
me esperaba en casa
un ratón revoloteando,
un colchón en el suelo,
una mochila de almohada.
