¿Existe una loma?

Tuve que pisar las piedras del camino
para llegar a esta loma.

Empecé descalzo,
mis pies sangraban de manera abundante,
y cuando cicatrizaban
volvía a pisarlas.

Más de alguna vez
olía el hierro
escurriéndose en mis dedos.

Les pedía disculpas
a esos trozos punzantes,
y no a esos pobres pies
color violeta
cuando se entumecían.

Gracias por sus fortalezas,
prometo comprar pomada y vendas.

Descansen ahora,
que la hierba crece,
lento, pero crece,
y el rocío mañanero
los lava con el mimo
que yo no pude darles.

Descansen nuevamente,
celebren, por favor.

Aún hay que caminar,
pero los callos
ya están.