La sopa más rica del mundo

Encender la vieja cocina de cuatro platos.
No hay gas,
pero no falta de posibilidades.

El frío se cuela en esa puerta,
sujetada por alambres.

El viejo va pa’ fuera,
en busca de leña seca.
La enciende
y afuera, la estepa silente.

El gato se acerca
a la estufa de mil batallas.

Mi viejo lo miro,
con su rodilla apoyada
en el suelo de madera.

Preparo una cazuela,
con más agua que otra cosa.

Uso las ollas de las mil hambrunas,
donde se hace la sopa
más rica del mundo.

Nos acostamos
con las primeras y últimas
sábanas que hice
con sacos de harina,
cuando nos casamos
y comimos un buen cordero.

Quisiera decirle cuanto lo amo,
pero no sé que es eso.

Solo sé que,
si mi viejo muere,
yo me voy con él.